Climatólogo de Geofísica UdeC Martín Jacques Coper analiza estudios científicos sobre riesgo de incendios forestales en Chile.
(Transcripción de entrevista en Radio ADN).
El equipo de ADN News continúa cubriendo los incendios forestales en Chile, un tema que promete tener un impacto a largo plazo. En este sentido, se ha estudiado la relación entre la forma en que habitamos nuestro territorio y el riesgo de incendios.
Según los expertos, la proximidad a caminos, ciudades y zonas productivas, así como el tipo de vegetación que nos rodea, son factores clave en la determinación del riesgo. Un reciente estudio, que fue portada en la última edición de ADN News, revela que muchas comunidades están hoy más expuestas de lo que se creía y que los mapas tradicionales de riesgo no siempre reflejan los lugares donde realmente se producen los incendios.
Queremos seguir entendiendo cuáles son las visiones que tiene la ciencia respecto de las advertencias que se han formulado frente a estas catástrofes que están viviendo varias regiones del país. La ciencia ha mostrado que el riesgo de incendio está fuertemente relacionado con la forma en que habitamos el territorio: qué tipo de vegetación nos rodea y cuán cerca vivimos de caminos, ciudades y zonas productivas.
Los estudios recientes demuestran que muchas comunidades están hoy más expuestas de lo que creemos y que los mapas tradicionales de riesgo no siempre reflejan dónde realmente se producen los incendios. Hoy queremos hablar sobre un estudio reciente que refleja todo esto y que, de hecho, fue portada en la última edición de ADN News.
Para profundizar en este tema, nos acompaña Martín Jacques, climatólogo del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción y también investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).
Entrevistador/a:
Martín, ¿cómo estás? Muy buenas tardes y bienvenido.
Martín Jacques:
Muy buenas tardes. Gracias por el contacto y por la invitación a hablar de este tema, que lamentablemente también está afectando a la Región del Biobío.
Entrevistador/a:
De todas maneras, esta entrevista es muy importante porque este estudio ha sido visibilizado en varios medios de comunicación. Por supuesto, hoy queríamos preguntarte, y quiero comenzar con lo siguiente: la mayoría de los incendios en Chile, según lo que dice el estudio, cerca del 95%, son provocados por las personas. Desde la ciencia, ¿qué significa realmente este dato para entender el problema?
Martín Jacques:
Sí, así es. Es una constatación que tenemos a partir de los registros históricos, que muestran que esto es sistemático al menos desde mediados de los años ochenta. La Corporación Nacional Forestal, CONAF, mantiene estos registros desde hace décadas.
Una de las conclusiones es que los incendios, en su gran mayoría —prácticamente todos—, tienen origen en la actividad humana. Eso no significa necesariamente que sean intencionales; también pueden ser accidentales. Pero lo que sabemos es que los seres humanos somos imprescindibles para que el fuego se inicie.
Esto hay que ponerlo en perspectiva con otros ecosistemas y otras regiones del mundo, donde el fuego es parte de la dinámica ecológica natural. En otros paisajes, con distinta vegetación, otras especies arbóreas, otro tipo de cobertura vegetal, otro paisaje y geografía, el fuego cumple un rol ecológico.
En el centro-sur de Chile, en cambio, el fuego no era parte natural del paisaje ni de ese ecosistema. Por eso tenemos una gran responsabilidad, justamente porque muchos incendios se pueden evitar. Este es uno de los ingredientes centrales de estas catástrofes, junto con las condiciones que facilitan que el fuego se propague.
El estudio de estos colegas, donde también participan investigadores del CR2, pone especial énfasis en la interfaz urbano-rural. Esta es la zona donde los humanos tienen mayor interacción con distintos tipos de cobertura vegetal. No se trata solo de ciudades, sino también de matorrales, plantaciones forestales y bosques, lugares donde existe una alta carga de combustible.
Entrevistador/a:
Algo muy llamativo del estudio es que no toda la vegetación genera el mismo riesgo. ¿Qué diferencia hace vivir cerca de un bosque nativo versus vivir cerca de plantaciones forestales?
Martín Jacques:
En general, la reducción del riesgo de incendio va de la mano con mantener una cierta distancia respecto de lugares con alta densidad de carga de combustible. Donde hay mucha biomasa, material vegetal y combustibles forestales, son zonas potencialmente más riesgosas.
La diferencia entre un bosque nativo y una plantación forestal está en su composición y en su estructura espacial. Para quienes habitamos el sur de Chile, es muy evidente la diferencia entre un bosque natural y una plantación forestal.
Las plantaciones forestales, una de sus principales características, es que son mayoritariamente monoespecíficas. Corresponden principalmente a pino y eucalipto, y están diseñadas de forma muy geométrica, con hileras claramente dispuestas. Eso es muy distinto a la forma en que se estructura un bosque nativo, que es mucho más heterogéneo.
Además, estas plantaciones suelen tener una extensión muy considerable. Estamos hablando de cientos de miles de hectáreas continuas, superficies comparables a áreas completas de algunas comunas o incluso provincias. A eso se suma que estas especies tienen características ecológicas que las hacen afines al fuego. Provienen de otras regiones del mundo donde el fuego está presente en la dinámica natural de esos ecosistemas.
Entrevistador/a:
Quisiera hacer un resumen de los principales hallazgos de este estudio sobre incendios y zonas de riesgo en Chile.
Como mencionábamos, algunos de los resultados indican que más del 95% de los incendios tienen origen humano; que el fuego no es un fenómeno natural, sino un problema socioambiental; que el mayor riesgo está donde se mezclan personas y vegetación, es decir, en la interfaz urbano-rural; que no toda la vegetación implica el mismo riesgo, ya que las plantaciones forestales —como pino y eucalipto— aumentan el riesgo más que el bosque nativo; que la cercanía a ciudades y caminos incrementa el peligro; que el cambio climático agrava el escenario; que los mapas tradicionales subestiman el riesgo real; y que Chile presenta grandes diferencias regionales.
En ese contexto, Martín, el cambio climático no crea los incendios, algo que muchas veces hemos conversado, pero sí incide en que sean más graves. ¿Cómo se combina el clima extremo con la acción humana en los mega incendios que hemos visto en Chile?
Martín Jacques:
Ahí hay dos escalas de análisis. La primera tiene que ver con las consecuencias del cambio climático sobre las condiciones de largo plazo, lo que llamamos clima. En el centro-sur de Chile hemos observado un ambiente progresivamente más seco y más cálido, particularmente con veranos más calurosos y primaveras e inviernos más secos.
Esto hace que el combustible vegetal tenga un nivel de estrés suficiente como para estar mucho más propenso a quemarse y a permitir una propagación más rápida y eficiente del fuego. Sabemos que hay variaciones año a año, con años más lluviosos y otros más secos, pero la tendencia de fondo es clara: condiciones cada vez más secas y cálidas.
Además, sabemos que los eventos extremos —olas de calor, altas temperaturas, déficits de precipitación— serán más intensos y frecuentes en el futuro. Ese es un nivel de análisis.
El otro nivel tiene que ver con los eventos meteorológicos extremos puntuales. Hemos tenido olas de calor muy intensas y días excepcionales, como ocurrió en 2017 y 2023, con temperaturas sobre los 41 grados en el valle central. Estos eventos suelen ir acompañados de una fuerte disminución de la humedad relativa y de patrones de viento locales que hacen extremadamente difícil el combate del fuego una vez que se inicia.
Por lo tanto, no es que el cambio climático genere más incendios, sino que crea condiciones mucho más favorables para su propagación y hace que sean mucho más difíciles de combatir.
Entrevistador/a:
Ante esta realidad, y considerando que esta tendencia continuará por décadas, tú mencionas que el paisaje del centro-sur de Chile está dominado por plantaciones forestales exóticas, afines al fuego. ¿Qué nos queda por hacer?
Martín Jacques:
En el corto plazo, solo nos queda ser mucho más preventivos. Fortalecer de manera decidida la prevención, ser mucho más cuidadosos en la gestión del territorio y reducir al mínimo posible la ocurrencia de incendios. Al mismo tiempo, se requieren muchos más recursos para el combate del fuego.
Entrevistador/a:
Justamente ayer hablábamos sobre las promesas incumplidas de distintos gobiernos en materia de inversión para el combate de incendios: la cantidad de aviones, la diferencia entre recursos privados y estatales, el combate nocturno y muchas otras acciones pendientes.
Quiero preguntarte algo clave: según este estudio, existen grandes diferencias entre las regiones de Chile. ¿Por qué no sirve una sola estrategia de prevención para todo el país? En algunas zonas, el riesgo es alto incluso con baja densidad de vivienda.
Martín Jacques:
Efectivamente, las realidades territoriales son muy distintas. No es lo mismo una zona rural en el Gran Valparaíso o en Viña del Mar, donde predomina el matorral, que la situación en el Biobío, donde tenemos grandes plantaciones forestales junto a zonas densamente pobladas.
Por eso, los enfoques de mitigación y prevención del riesgo deben ser distintos según el territorio. El estudio muestra, por ejemplo, que existen distintas distancias mínimas recomendadas entre núcleos urbanos y sectores con alta carga de combustible. También se plantea la necesidad de diseñar zonas de amortiguación y de repensar el diseño del paisaje.
Entrevistador/a:
Martín, para ir cerrando, ¿te gustaría dejar un mensaje final?
Martín Jacques:
Sí. Creo que es fundamental reaccionar ahora. En el corto plazo podemos tomar más medidas de prevención y reducir significativamente el número de incendios. Pero la realidad es que, en el futuro, vamos a seguir enfrentando eventos meteorológicos extremos.
Si no cambiamos la forma en que planificamos el paisaje del centro-sur de Chile, vamos a seguir viviendo con una vulnerabilidad muy alta. Estas situaciones se repiten una y otra vez, y debemos aprender de ellas. La evidencia científica está disponible; ahora es necesario tomar decisiones basadas en esa evidencia para el bienestar social.
Entrevistador/a:
Queremos agradecer a Martín Jacques, climatólogo del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, por esta conversación y por compartir información clave a partir de este estudio. Nuevamente, la ciencia entrega evidencia clara; el desafío es que esta se traduzca en decisiones correctas y en políticas públicas efectivas.